Sandra Calisto - la gata (1996)

Yo vivo en una casita de la playa. Me siento muy a gusto cuando no viene la marabunta de verano. Me refiero a la gente que sólo viene en los meses de julio y agosto. Vienen para aprovechar sus vacaciones y hacer todo lo que no han hecho durante el año. Hacen fiestas hasta muuuyy tarde, van a la playa hasta que les da insolación, hacen banquetes y engordan muchos kilos. Se meten en mi casa y usan mi teléfono. Dicen que lo hacen por mi bien porque pobrecita ¿cómo voy a estar tan sola? Inclusive, se dan el lujo de tener mascotas de verano.

Con respecto a las mascotas, hace tres años, mi vecina de al lado decidió dar de comer a una gatita de la calle. - Pobrecita, se va a morir de hambre - decía. La verdad es que la gatita estaba muy bonita. Esta se acostumbró a venir a comer al edificio cada día durante los tres meses de verano. Pero siempre llega el momento del adiós. Cuando todo el mundo se va. Hicieron fiesta de despedida y hasta el próximo verano.

Al día siguiente abrí la puerta de mi casa y estaba la gatita esperando que alguien le diera de comer. Como se habían ido sus padres adoptivos y no le habían dejado comida para los 9 meses que estaría sola, no me quedó más remedio que acogerla. La acogí, pero sólo de la puerta de casa hacia afuera, ya que no la dejaba entrar. Había decidido ser protectora y abastecedora de comida hasta el próximo verano, cuando vinieran sus ex dueños, si se acordaban de ella.

En este tiempo, ya que me habían aconsejado que aprendiera de los animales, me dediqué a observarla. Por las mañanas maullaba para que le diera de comer. Y por la noche acudía corriendo cuando escuchaba el sonido de la llave en la puerta. Si me iba fuera por el fin de semana, ella sabía donde ir para conseguir comida. No sé a que vecino pediría pero como "menos mal" no era mi gata, no era asunto mío.

Llegó el momento del apareamiento, el celo. Miiiiiaaaaauuuuuuuu, miiiiaaaaauuuuuu, juiiiiiiiiiiiiiiii. Que sueño, estos no me dejaban dormir. Colas de gatos, en la entrada de mi casa, pidiendo tanda para meterle un buen polvo a la gata, y luego ella detrás para pegarles. Hay que ver como somos las del sexo femenino. Masoquismo puro.

Al principio, cuando veía a todos los gatos persiguiendo a la gata, me parecía una violación, como en las películas americanas. Iba la gata delante, los gatos detrás y yo al final con la escoba para pegarle a los gatos violadores que querían hacerle daño a la gatita. Pero después me di cuenta que la gata condenada les iba coqueteando a todos con sus revuelcos y mirrimirrimiau, mimimimimimi, etc. Y yo que pensaba que le defendía de esos violadores asquerosos, sí que soy ingenua. Bueno a ya ella. Fue así como comencé a conocer a los gatos del barrio.

Que bien me lo pasaba, era como un culebrón sud-americano. Yo no tenía tele, pero ni falta que me hacía, ya que veía las telenovela en vivo y en directo y además podía participar.

Uno de sus amantes se llamaba el Marqués, un gato gordo, con cadenas de oro, fino y viejo, el cual venía en su Mercedes Benz para galantear a la gata. Otro de ellos era Junior, un gato joven, guapo, rico, quejicas y caprichoso. El otro era Peter, a quien ella realmente quería. Fue de este de quien quedó preñada. Aunque dicen que las gatas pueden quedar preñadas de varios gatos al mismo tiempo. Debe ser por eso que los gatitos nacen de distintos colores. El único problema era que Peter era pobre y no la iba a poder mantener, ni a ella ni a sus futuros hijos. ¿Adivinen quién iba a tener que dar de comer a los gatitos?.

Un día salí de casa y la gata emitió un sonido extrañísimo: Miriaaaaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuu. Cuando la miré había un gatito debajo de ella. Yo no tenía experiencia, así que fui en mi bici a buscar a una vecina para que me dijera lo que tenía que hacer. Cuando volvimos la gata había abandonado al gatito y estaba frío con la placenta aún unido al cordón umbilical. Mi amiga corto el cordón y me dijo que mejor metiera a la gata a casa, y la pusiera en una caja con el gatito así la gente no la iría cogiendo mientras paría. Así fue como la gatita tuvo 4 gatitos, uno de ellos, que en paz descanse (RIP), murió al nacer.

Decidí ponerlos en la terraza de mi casa hasta que pudieran valerse por sí mismos. Eran muy monos. Uno se llamaba Dominó porque era blanco y negro, la otra se llamaba Gotzuki porque parecía japonesa y la otra colitas que era la más antipática de todos. Le puse ese nombre porque tenía la cola partida en dos. Cada día les observaba en la terraza. Una noche el padre se dignó a regresar y quiso volver a vivir con la familia. Al principio la gata no le dejaba entrar en su casita, pero él con dulzura y paciencia logró que ella cogiera confianza otra vez y así fue como lo aceptó. Se veían muy bonitos, parecían la familia feliz. Pero como ya se suponía, la abuela, "YO", tuvo que aceptar al yerno en casa. Uno más que mantener. Es que el pobre ganaba poco dinero y no podía mantener a toda la familia, y como ella estaba tan feliz, no me pude negar.

Un día cuando llegué de trabajar encontré un nuevo gatito en mi terraza, era color rosa, lo había metido mi vecina y los niños del barrio cuando yo no estaba. SE HHAAABBBBIIIAAAANN MEEETTIIIDDDOOOO ENNN MIIIII TEERRAAZA SIN MI CONSENTIMIENTO. Yo estaba furiosa, pero pobre gatito, si lo echaba se iba a morir, así que me lo quedé. Le puse de nombre Tchaikovsky, porque es mi compositor favorito. Mi vecina, dijo que ella ayudaría con la comida de los gatos, y así fue.

Como mi respetuosa y considerada vecina, había prometido ayudar, le ponía a los gatos en mi terraza la comida que le sobraba, sobre todo pescado. Apestabaaaaaa. Como le dije que si quería ponerle comida a los gatos lo hiciera en la suya........... Adiós comida.

Pude colocar a los gatitos en casas honorables y con personas que les tratarían con cariño. Menos mal me dije, ahora ya no tendré más animales.

La gata se había acostumbrado a entrar a mi casa y un día, me meto en mi cama y sentí algo frío y duro a la altura de mis pies. LA GATA SE HABIA HECHO LA CACA EN MI CAMA. Desde ese día, bye bye bambinos no la volví a dejar entrar. Y me prometí no volver a involucrarme con los gatos............., bueno sólo le daría de comer fuera.

Miiiiiaaaaauuuuuuuu, miiiiaaaaauuuuuu, juiiiiiiiiiiiiiiii. Otra vez. Colas de gatos, en la entrada de mi casa, esperando su turno. Parecía un prostíbulo. Y lo peor de todo es que la gata no cobraba. Felizmente que ya no tiene los gatitos por mi casa y no me tengo que hacer cargo de ellos. Pero pobre gata está preñada y pariendo todo el tiempo.

Que alivio no ser gata. Gracias a que tengo mente puedo elegir cuando quedar embarazada, con quien me quiero acostar, y trabajar para mantenerme para no depender de nadie. Además yo no me haría la caca en la cama de nadie, según lo que me han enseñado lo tengo que hacer en el water, limpiarme con papel higiénico y luego tirar de la cadena. Esto nunca lo hubiera aprendido la gata............ o sí..

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